Reconozco que no es una situación divertida, pues se trata de las peculiaridad de unos vecinos octogenarios o nonagenarios de la puerta de al lado de mi rellano. Ellos son el 3ºF y yo el 3ºE.
Ella; Sagrario; está completamente sorda desde hace unos pocos años y él; Florencio; está flaco como el más flaco de los Don Quijotes que uno pueda imaginarse.
Hoy he escuchado a través de las paredes; ambos chillan porque no se oyen; como dando un giro más a lo absurdo que es que se empeñen en vivir solos; Florencio se ha convertido en poeta sin querer.
Si trato de hacer algo tan español (y ya universal) como es echarme una siestecilla orejera (por el sillón de esa especie), no suelo poder, pues cada 48 segundos, se oye la voz de Sagrario clamando ¡Floreeenciooo!
Pero repito; hoy a ese desgarrado y aburrido e interminable Florencio, le ha seguido una palabra que rima totalmente: Silencio.
Florencio está harto de la constante llamada de Sagrario cada 48 segundos y ha descubierto que si tras el Florencio, viene un Silencio, los Florencios se van acallando, hasta que en un mantra sin fin, solo se oye la voz de Florencio diciendo: Silencio Silencio Silencio...
Me ha dado un vuelco el corazón pensando en que a lo mejor, mientras decía Florencio sus Silencios, estaba con la almohada sobre la boca de Sagrario para no volver a oír nunca más: ¡Floreeenciooo!....
Vayan Pasando
...y quédense un rato; si quieren...
miércoles, mayo 30, 2012
sábado, abril 14, 2012
Las Mil y Una Novelas
Hace unos días y por sugerencia de Ester, decidí escribir un relato para un concurso de narración breve organizado por la UNED.
Para ello, me basé en una pasada entrada de este blog llamada La Novela de las Mil Novelas y el resultado es el que va a continuación.
Gracias; una vez más; Ester por liarme en eventos de este tipo.
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Para ello, me basé en una pasada entrada de este blog llamada La Novela de las Mil Novelas y el resultado es el que va a continuación.
Gracias; una vez más; Ester por liarme en eventos de este tipo.
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Bruno era uno de
esos lectores empedernidos. De esos que se pueden tirar horas en los puestos de
libros antiguos, viejos o de segunda mano de la Cuesta de Moyano en Madrid. La
calle en realidad se llama: calle de Claudio Moyano, pero al igual que en
cualquier pueblo, a la calle que sube a la iglesia, se le llama “de toda la
vida”, la calle de la Iglesia, aunque su nombre sea, pongamos, calle del Cerro
Prieto; los madrileños, también tenemos esa costumbre de llamar a las calles de
otra manera y si nos pregunta un foráneo que donde está la calle de Claudio
Moyano, miramos al interlocutor con cierta extrañeza y decimos ¿cómo que la
calle de Claudio Moyano? ¡será la Cuesta de Moyano! No tiene pérdida. Mire,
vaya usted por ahí, luego a la izquierda, todo esto haciendo aspavientos con
las manos ¿por qué seremos incapaces de decir a alguien cómo se va a la calle
que sea, solamente con nuestras explicaciones léxicas? No se puede. Hay que
acompañar nuestra voz moviendo los brazos como si fuésemos Guardias Urbanos,
ahora llamados Agentes de Movilidad.
Lo cierto es que
es muy apropiado el epíteto de Cuesta de Moyano, pues la pendiente de esa
calle, hace que haya que calzar; quizás con algún libro invendible; las
estanterías y vitrinas de los puestos que desde principios del siglo XX, se
ubican en esa calle/cuesta y donde uno puede hurgar entre páginas de años
olvidados, mohosos y elegantemente decadentes. Dada esta pendiente, no es raro
ver como alguna vez y ante la petición de un cliente de ojear cierto libro y
cuando el vendedor logra sacar dicho tocho con sumo cuidado, la torre de Babel
de la que formaba parte, se tambalea y todo el conocimiento que albergan las
apolilladas y amarillas hojas de los volúmenes repentinamente inestables, caen
ante el rubor del comprador y la resignación del librero, acostumbrados sus
cansados ojos, tras sus gafitas a estos terremotos momentáneos, a esa hecatombe
de derribos literarios.
Bruno tenía una
especie de manía, que en realidad eran dos manías en una. Consistían estas rarezas
en que; más bien inconscientemente; miraba de forma distinta los libros de las
casetas de la Cuesta de Moyano, no tanto si era un día de primavera y las
casetas literarias, parecían mostrarse más luminosas. Lo de Bruno era otra cosa
ajena a la meteorología, pues en realidad, lo que le pasaba era que le parecía
que los libros “le saludaban” –como
se decía a sí mismo– de una manera totalmente opuesta, tanto si subía desde el
Paseo del Prado hasta el Parque del Retiro como si hacía el recorrido inverso;
es decir; cuesta abajo. Él ensoñaba con que cuando subía, los libros se le
antojaban algo más densos, más circunspectos, más para ser estudiados, mientras
que si bajaba la pendiente, los ejemplares expuestos en las casetas, le
sonreían con historias más fáciles, más divertidas o románticas. Así, según
fuese su estado de ánimo bajaba o subía la Cuesta de Moyano para contrarrestar
–en una suerte de homeostasis– ese sentimiento suyo con el libro de turno, que equilibraría su particular torre de Babel
vital, aunque todo hay que decirlo; casi siempre sus recorridos eran desde el
Paseo del Prado al Retiro.
Bruno siempre
había pensado que su aburrida vida de administrativo en el Banco al que entró a
trabajar justo después de hacer la mili en Melilla, la podría cambiar un libro
escondido entre los miles que le miraban pasar de arriba abajo o de abajo a
arriba. Hacía años que vivía solo. Sus padres habían muerto y aunque tuvo una
novia nada más ponerse a trabajar, pronto se dio cuenta de que ni ella era para
él, ni él para ella, por lo que un tanto decimonónicamente, le escribió una
carta llena de amor, de melancolía y sin duda, de despedida de este mundo cruel.
Se auto convenció de que a él lo que le gustaba era leer y leer y se obsesionó
con esa idea del libro antiguo cuya lectura le hiciese ver, le hiciese abrir
los ojos, no a la Cuesta de Moyano, no a la vista fisiológica, sino que le
abriese los ojos invisibles del conocimiento, de la perfección, de la percepción
absoluta acaso imaginada, pero tan difusa que no era sino una ceguera luminosa:
una vacuidad eterna y machacona.
Dicen que hay
que tener cuidado con lo que se sueña, porque se puede cumplir y en parte, eso
le ocurrió a Bruno una nublada, aunque agradable tarde de mayo. Aquel día se
sentía neutro, ni triste ni alegre. Se sentía todo lo normal que se puede uno
sentir, eso teniendo en cuenta qué es ser normal y cuál es el baremo que mide
eso y la felicidad o la tristeza. Llegó a la caseta 23 y sus ojos se clavaron
en un libro que no estaba muy a la vista. Se titulaba: Las Mil y una Novelas.
Más o menos
tendría unas 400 páginas. Como todos los compañeros jubilados libros de al
lado, tenía los cantos redondeados y en la tapa de portada, tenía unos arabescos
a modo de hormiguitas cuyos caminos se trenzaban en dibujos tipo Art Nouveau, jugueteando con el título.
Bruno pensó –sonriendo para sí, aunque de soslayo, su boca dibujó una mueca
parecida a eso, a una sonrisa– que a lo mejor su búsqueda habría terminado esa
tarde de mayo, pues un título tan rotundo como Las Mil y Una Novelas, bien podría albergar en esas mil historias, esa
sapiencia universal y total que le conduciría a ser perfecto ante tanta
nimiedad e idiotez humanas, pero mientras paladeaba su estado de cuasi dios, se
dio cuenta de que o bien las novelas no eran tal, sino un compendio de relatos
correspondientes a algún premio de narración breve o quizás era uno de esos
libros, sobre todo juveniles, en los que dependiendo de qué situación elijas,
te manda a la página 223 o a la 341.
No supo por qué,
le dio un vuelco el corazón y decidió no abrir el libro para examinar su
contenido o ver al menos cómo empezaba y sencillamente lo volvió a observar,
ante la atenta y un poco mosqueada mirada del vendedor que frunciendo el ceño y
aun acostumbrado a todo tipo de “bichos
raros” que pululaban por su caseta, pensaba para sí que éste era uno de los
más raros que había pasado en los últimos 40 o 50 años y que si se llevaría de
una condenada vez el libro ese o no. Bruno estiró el brazo con el libro en la
mano derecha y se lo entregó al vendedor. Al hacer esto, notó como si alguna de
las hormigas parecidas a las del adorno de la portada, pegaran un salto, más de
pulga que de hormiga, saludasen a las de fuera y se volviesen a meter. Se
restregó sus miopes ojos, que le picaban un poco y volvió a alargar el brazo
para recoger la bolsa de plástico con el libro dentro, tras pagar los 8 euros
de la compra. Al coger la bolsa, sintió un ligero escalofrío en la espalda al
volver a ver, esta vez muy fugazmente, como un par de esa especie de bichitos
negros, se posaban en su mano, para desaparecer en un nanosegundo. A Bruno le
dio grima pensar que una plaga de bichejos se hubiese instalado en el libro y
mientras caminaba hacia su casa, decidió no abrir la bolsa hasta llegar a su
piso. Allí sacaría el libro sobre una sábana blanca y lo sacudiría o miraría
entre las 400 hojas para descubrir si había algún insecto. Le volvió a dar otro
escalofrío al asaltarle el pensamiento de que en efecto llevase en su bolsa un
objeto lleno de una plaga de algo que devorase todos sus libros, los muebles,
el inmueble entero, la ciudad, el planeta… Sacudió la cabeza queriendo quitarse
esas ideas tan descabelladas, que no pocas veces le venían sin avisar y le
llevaban a un estado de catatonia que solo algún ruido o algún otro pensamiento
inconexo eran capaces de producir un corto circuito sináptico que le traía a la
realidad.
Bruno llegó a
casa, encendió la luz del pasillo y quitándose la cazadora, que tanto le había
estorbado, pues aunque esa tarde estaba nublado, no dejaba de ser mayo y los
“mayos” en Madrid, suelen ser de todo, menos frescos, cogió la bolsa, la puso
en una silla y fue al dormitorio a por la sábana blanca que le serviría para demostrar
o descartar “lo de los bichos”.
Bruno puso la
sábana encima de la mesa camilla y con sumo cuidado, sacó el libro de la bolsa
de plástico y lo depositó en ella con el mimo de quien coloca en una sábana, la
Biblia de Gutemberg. Echó un vistazo
al interior de la bolsa y observó con satisfacción que nada negro y que se
moviese o no, había en el interior del plástico.
Entonces abrió
el libro por la mitad y su sorpresa fue mayúscula, al ver que nada había
escrito, pasó las hojas hasta el final y se dio cuenta demasiado tarde de que
lo que había comprado era un libro en blanco. Vaya por Dios –pensó– por eso no
tenía autor el libro y se llama Las Mil
y una Novelas, porque si eres escritor, puedes comprar mil y un libros como
éste y escribir mil y una novelas… pero yo no soy escritor, soy administrativo
en un Banco y lo que me gusta es leer, no tengo ni idea de escribir. Bruno notó
un ahogo, que se acentúo al ir a la primera página y empezar a leer lo
siguiente: “Bruno era uno de esos
lectores empedernidos. De esos que se pueden tirar horas en los puestos de
libros antiguos, viejos o de segunda mano de la Cuesta de Moyano en Madrid…”
Le pegó un golpe
el corazón en las sienes. Pasó temblando un par de páginas y leyó temblando y
sudando: “Más o menos tendría unas 400
páginas. Como todos los compañeros jubilados libros de al lado, tenía los
cantos redondeados y en la tapa de portada, tenía unos arabescos a modo de
hormiguitas…”
La vista se le
nubló casi del todo cuando leía esto que se estaba escribiendo a la vez que
Bruno lo leía. Bruno; estás viendo tu vida en directo, miles de letras
parecidas a hormiguitas van surgiendo de la página de detrás y vas leyendo esto
mientras tu corazón late más y más fuerte. Bruno, te mueres mientras lees esta
novela. Lo siento, no has llegado a la siguiente página………………………………………………………….
FIN
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lunes, abril 09, 2012
Lámparas halógenas (reciclaje)
Sabiendo que iba a pasar lo que ha pasado y sabiendo que lo que iba a pasar y ha pasado, no me iba a gustar, he ido y ha pasado exactamente lo que yo sabía que iba a pasar y lo que sabía que pasando, no me iba a gustar.
Que vale que la crisis es la que es y que los chinos, son como son y son lo que son, pero que alguien me explique por qué, en una muestra de esa absurda videncia que de vez en cuando poseo, yo sabía que iba a ir a reciclar una lámpara halógena fundida el otro día, que iba a elegir una ferretería española donde no solo no iban a reciclar la lámpara halógena, sino que me iban a decir; señalándomela; que reciclan en una papelera metálica, abollada de tanto reciclaje y que encima, me iban a cobrar más del doble de lo que me cobraron los chinos hace muy pocos días en un bazar de al lado de mi trabajo.
Lámpara halógena china: 1.25€. Lámpara halógena española hecha en China igual que la otra: 2.95€.
Así que desde ya digo, que va a reciclar su puta madre, que voy a tirar las lámparas halógenas a la basura y que todo el gas inerte que cubre el cuarzo (que no se puede tocar con los deditos, porque en vez de las miserables 1000 horas que dura la puta lámpara, durará, 200 o 300 horas) saldrá a la atmósfera y se juntará con el de las lámparas halógenas de la puta ferretería española. Total qué más me da, si como mucho voy a vivir otros 40 años...
Si no es por la pasta. Es por la mierda de este país en el que escribo a oscuras, no vaya a ser que se funda la halógena barata...
sábado, marzo 03, 2012
Yerno de un Patriarca
Hay veces; a todos nos ha pasado; en las que buscando un papel, un documento o una foto y enredando en el ordenado desorden de algún cajón, aparece de repente un papel, un documento o una foto, no buscados y que al mostrarse ante nuestros ojos, parecen decirnos: "Mira, no me buscabas y me has encontrado. Quédate con la copla, pues la vida da muchas vueltas y un día me buscarás y no sabrás donde estoy."
Lo que yo buscaba hoy, no viene al caso, pero lo que he encontrado es esta tarjeta de visita, en la que un señor; "yerno de un Patriarca"; se ofrecía como vigilante en una de las obras en las que he trabajado en mis ya largos años en este negocio.
La curiosidad de esta tarjeta (de la que obviamente he borrado, nombre y número de móvil), estriba en la frase "yerno de un Patriarca", pues para quien no lo sepa, durante años y por ese tipo de asuntos de discriminación "positiva", había que contratar sí o sí a este tipo de gente relacionada con "Patriarcas gitanos", pues de no hacerlo, los robos y los destrozos en la obra eran constantes, hasta que milagrosamente, dejaban de pasar cosas una vez contratado el personaje de turno.
Era una mafia como otra cualquiera. Un impuesto revolucionario en forma de sueldo, que acababa siendo una inversión, pues lógicamente, era mejor pagar al gitano o al "yerno de un Patriarca", que sufrir esos robos y esos destrozos de los que hablaba antes.
miércoles, diciembre 14, 2011
Malas pulgas anónima
Esta mañana, como casi todas las mañanas, recorría las calles para ir a mi lugar de trabajo, siempre por el mismo itinerario, tan repetido, que aseguraría que mi coche, sería capaz de ir solo y se ha dado la circunstancia de que mucha gente pasaba por los otras veces, desiertos pasos de cebra.
Mientras escuchaba que Iñaki Urdangarín está indignado por haberse llevado solo 5 millones de eruracos y que Francisco Camps no ha usado nunca una tarjeta de crédito y por eso se ha comprado todos los trajes en efectivo y no tiene ticket, en uno de los últimos pasos de cebra, al lado del mercado de San Pascual, he dejado pasar a una señora con cara de malas pulgas, que me ha ladrado al hacerle un gesto con la cabeza, para que hiciese uso de su derecho a pasar por ese paso de cebra. Parsimoniósamente, ha caminado por ese interminable (para ella y para mí) paso de cebra y la mañana me ha parecido algo más oscura.
Ese sencillo gesto de la señora con cara de malas pulgas, ha hecho que las noticias de la mañana, hayan sido un poco más bellas...
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martes, diciembre 13, 2011
Sonrisas anónimas
Esta mañana, como casi todas las mañanas, recorría las calles para ir a mi lugar de trabajo, siempre por el mismo itinerario, tan repetido, que aseguraría que mi coche, sería capaz de ir solo y se ha dado la circunstancia de que mucha gente pasaba por los otras veces, desiertos pasos de cebra.
Mientras escuchaba que la economía frunce el ceño y las agencias de rating, amenazan con quitarles las tres AAA a los franceses, en uno de los últimos pasos de cebra, al lado del mercado de San Pascual, he dejado pasar a una joven de aspecto eslavo que iba con su mp4, escuchando; probablemente; algo distinto a lo que escuchaba yo, pues al hacerle un gesto con la cabeza, para que hiciese uso de su derecho a pasar por ese paso de cebra, me ha echado una sonrisa; de agradecimiento por no atropellarla; absolutamente luminosa.
Ese sencillo gesto de la joven bielorrusa, ha hecho que las noticias de la mañana, hayan sido un poco más bellas...
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miércoles, noviembre 30, 2011
kilómetros
Anoche leí lo que ponía el contador de agua de casa, pues hoy venían a apuntarlo los señores del agua, pero como no iba a estar, lo apunté. Ponía 39999.9. Agachado aún, abrí un poco el grifo del fregadero y enseguida se pusieron los dígitos en 40000.0, aunque apunté en el papel que la compañía suministradora pega en el portal, la cantidad más simpática de 39999.9
Recordé entonces uno de mis mayores complejos, que escondo como puedo y que hoy comparto en esta bitácora, casi olvidada: el complejo de los pocos kilómetros.
Este complejo (por supuesto, de inferioridad) me viene desde hace muchos años. Desde que compré un flamante Seat 127 en el año 1976.
Hablara con quien hablara desde ese día, hasta hoy, ese interlocutor siempre tiene más kilómetros que yo. No importa que cualquiera de mis vehículos a motor pueda llegar a tener 154628 kilómetros. Siempre aparecerá el ser supremo que tendrá muchos más kilómetros que yo y desde luego en menos tiempo.
Ese es otro factor importantísimo, el tiempo. El tiempo combinado con los kilómetros, hace que me suma en el lodo de la frustración, en el hazmerreír de propios y extraños que me preguntan ¿cuántos kilómetros tiene tu coche? y yo: casi 50.000 (aunque tenga unos 38500), ya (dicen) pero ¿cuántos años tiene tu coche? y yo: pues dos años y poco (aunque tenga dos años y mucho)... indefectiblemente, el interlocutor de turno me dirá ¿sooolooo? ante mi aparente "aquí no pasa nada" que me va taladrando el orgullo cuando empieza a glosar sus kilometreces: Ah, pues mi coche tiene seis meses y ya tengo 80 millones de años luz y me he ido a Valencia en 15 minutos y he vuelto y me he hecho otros 50 mil años luz...
Ese es ya el factor determinante que hace que me sienta como un caracol, como un ser vil sin posibilidad de recorrer ni un metro en 4000 siglos: la velocidad con la que todo el mundo parece ir a todos lados: pues el fin de semana me fui a Logroño y tardé muy poco; treinta segundos desde Madrid...
¡Coño, porque a Logroño no va nadie un puto miércoles, ni un puto puente, ni nunca!
¡Vete a Cullera el puente de mayo, so mierda, a ver si tardas, cinco minutos! jajajaja...
Eso sí, vas a hacer muy pocos kilómetros ¡¡¡pero se te van a hacer muy largos, listito de los kilometritos y del tiempito de los cojones!!!
martes, septiembre 06, 2011
Cangrejo de río
Oye, joder tío
Tengo menos personalidad
Que un cangrejo de río
En plena cautividad
¿Por qué digo esto?
A explicarlo voy
Me ha pasado hoy
Lo cuento presto
Quedé con una amiga
A comer en un local
Y hablando entre pan y miga
Llegamos a Social
Ni la estaba tocando (*)
Pues Análisis tenía
Pero bromeando
Alcé mi valentía
Y como un percebe
Mañana a las nueve
Me examino de Social
¡Regocijo general!
(*) Refiérome a Social, no a la amiga.
Tengo menos personalidad
Que un cangrejo de río
En plena cautividad
¿Por qué digo esto?
A explicarlo voy
Me ha pasado hoy
Lo cuento presto
Quedé con una amiga
A comer en un local
Y hablando entre pan y miga
Llegamos a Social
Ni la estaba tocando (*)
Pues Análisis tenía
Pero bromeando
Alcé mi valentía
Y como un percebe
Mañana a las nueve
Me examino de Social
¡Regocijo general!
(*) Refiérome a Social, no a la amiga.
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sábado, marzo 05, 2011
Objetos inanimadosdos
Cuando el otro día hablaba de esos calcetines o medias que desaparecen engullidos o enrollados o volatilizados sin más, no hacía mas que hurgar en alguna conexión sináptica de esas que casi no se usan, porque de ser utilizadas, lo eran en la época en que uno es niño, en la que todo parece posible, incluido el que los juguetes se muevan solos, mucho antes de que a nadie se le ocurriera filmar ese hecho en diversas Toy Storys.
Pero he aquí lo que hace unos cuantos días aconteció en la mesilla, sita junto a mi cama, pues de estar situada en la cocina, no sería una mesilla, sino otro enser, y que tiene que ver con extraños sucesos relacionados con objetos inanimados.
Resulta que en esa mesilla hay un despertador, que jubilado por las nuevas tecnologías (la alarma del móvil), dejó no solo de despertar, sino de dar la simple información de qué hora es, cuando se despierta uno y mira y ve que son las 5 menos 20 y encantado se da la vuelta y se queda uno dormidito y al que no he cambiado la pila desde hace mucho tiempo.
Hace unos cuantos días, quedé con unas amigas a desayunar y que me dieran mi regalo de cumpleaños. Solemos quedar para el cumple de cada uno de nosotros, con la particularidad de que dado que estas mujeres entran a las ocho y tenemos que hablar y desayunar y tal y pascual, pues el madrugón es de aúpa. Es un acto de amor que nos encanta hacer y que esta semana. volveremos a repetir.
La cosa (que me pierdo en disquisiciones) es que el otro día, al despertarme con el móvil, vi que el despertador, parado desde hace muchos meses, estaba funcionando y además a la hora que era. Le miré, me miró, me guiñó un ojo (o un agujo) y se paró, supongo que hasta la noche siguiente y la otra y la otra en la que se pondrá a funcionar tan feliz y parará un poco antes de mi despertar con la alarma del móvil y cuando vea que duermo, conectará una especie de bluetooth y se pondrá en hora, tan campante.
Pero he aquí lo que hace unos cuantos días aconteció en la mesilla, sita junto a mi cama, pues de estar situada en la cocina, no sería una mesilla, sino otro enser, y que tiene que ver con extraños sucesos relacionados con objetos inanimados.
Resulta que en esa mesilla hay un despertador, que jubilado por las nuevas tecnologías (la alarma del móvil), dejó no solo de despertar, sino de dar la simple información de qué hora es, cuando se despierta uno y mira y ve que son las 5 menos 20 y encantado se da la vuelta y se queda uno dormidito y al que no he cambiado la pila desde hace mucho tiempo.
Hace unos cuantos días, quedé con unas amigas a desayunar y que me dieran mi regalo de cumpleaños. Solemos quedar para el cumple de cada uno de nosotros, con la particularidad de que dado que estas mujeres entran a las ocho y tenemos que hablar y desayunar y tal y pascual, pues el madrugón es de aúpa. Es un acto de amor que nos encanta hacer y que esta semana. volveremos a repetir.
La cosa (que me pierdo en disquisiciones) es que el otro día, al despertarme con el móvil, vi que el despertador, parado desde hace muchos meses, estaba funcionando y además a la hora que era. Le miré, me miró, me guiñó un ojo (o un agujo) y se paró, supongo que hasta la noche siguiente y la otra y la otra en la que se pondrá a funcionar tan feliz y parará un poco antes de mi despertar con la alarma del móvil y cuando vea que duermo, conectará una especie de bluetooth y se pondrá en hora, tan campante.
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sábado, enero 29, 2011
Objetos inanimados...
Siempre me han interesado esas historias sobre objetos sin vida, con los que compartimos la nuestra, ya sea animada o desanimada, y que a veces, nos parece que no son tan inanimados como parecen
¿Quién no ha perdido o creído perder algo y según sean sus creencias, le reza a San Antonio Bendito o a San Cucufato (los cojones te ato, si no me lo encuentras, no te los desato) y uno de los dos santos, va y lo encuentra?
Y no me refiero a cosas minúsculas como un botón o una aguja, que parecen haber nacido o bien para la una, atarle y bien atarle en una prenda con vueltas y más vueltas de hilo o bien para en un descuido de la celosa aguja, desatarse el botón de la camisa de rayas y buscarse otra vida, más rodada y menos prieta y más libre.
Pero casi sin duda y si hubiese un "ranking" de estas cosas (que lo habrá), la prenda o la cosa inanimada que más se divorcia, que más se despareja, que más escapa sin decir "ahí te quedas" es; o mejor dicho; son los calcetines que se ponen a lavar.
Uno siempre está seguro al 100% de que al meter la ropa en la lavadora, iban las parejas de calcetines azules con azules, verdes con verdes, marrones con marrones, de Hello Kitty con Hello Kitty (por poner un ejemplo), pero al sacar la ropa ya lavada e ir a tenderla ¡sorpresa! falta un calcetín, nunca los dos, pues en ese caso, quizás no repararíamos en su pérdida, pero al haber solo uno, te pones a mirar dentro del tambor de la lavadora, das vueltas con la mano, no sea que se haya quedado enganchado o pegado (te sientes absurdo), recorres como un investigador una y otra vez el camino de ida y de vuelta de la lavadora al tendedero, pero nada, no vuelve a aparecer.
Es entonces cuando sopesas varias posibilidades; una: la lavadora es una calcetinofaga y al menor descuido, se lo zampa y eructa los huesos al siguiente centrifugado; otra: el calcetín, antes de ser introducido en la lavadora, se hace una especie de bicho bola y mientras vas a por el suavizante, rueda y rueda hasta la terraza y desde allí, camina sin parar, a la pata coja (no puede ser de otra manera) aprovechando tu descuido detergentil y se va a jugar a ser libre con el botón de la camisa de rayas, cuya falta (la de ambos) me ha convertido poco menos que en un pordiosero.
He puesto al otro calcetín en el sitio de los trapos sucios, lo merezca o no. Es la vida.
¿Quién no ha perdido o creído perder algo y según sean sus creencias, le reza a San Antonio Bendito o a San Cucufato (los cojones te ato, si no me lo encuentras, no te los desato) y uno de los dos santos, va y lo encuentra?
Y no me refiero a cosas minúsculas como un botón o una aguja, que parecen haber nacido o bien para la una, atarle y bien atarle en una prenda con vueltas y más vueltas de hilo o bien para en un descuido de la celosa aguja, desatarse el botón de la camisa de rayas y buscarse otra vida, más rodada y menos prieta y más libre.
Pero casi sin duda y si hubiese un "ranking" de estas cosas (que lo habrá), la prenda o la cosa inanimada que más se divorcia, que más se despareja, que más escapa sin decir "ahí te quedas" es; o mejor dicho; son los calcetines que se ponen a lavar.
Uno siempre está seguro al 100% de que al meter la ropa en la lavadora, iban las parejas de calcetines azules con azules, verdes con verdes, marrones con marrones, de Hello Kitty con Hello Kitty (por poner un ejemplo), pero al sacar la ropa ya lavada e ir a tenderla ¡sorpresa! falta un calcetín, nunca los dos, pues en ese caso, quizás no repararíamos en su pérdida, pero al haber solo uno, te pones a mirar dentro del tambor de la lavadora, das vueltas con la mano, no sea que se haya quedado enganchado o pegado (te sientes absurdo), recorres como un investigador una y otra vez el camino de ida y de vuelta de la lavadora al tendedero, pero nada, no vuelve a aparecer.
Es entonces cuando sopesas varias posibilidades; una: la lavadora es una calcetinofaga y al menor descuido, se lo zampa y eructa los huesos al siguiente centrifugado; otra: el calcetín, antes de ser introducido en la lavadora, se hace una especie de bicho bola y mientras vas a por el suavizante, rueda y rueda hasta la terraza y desde allí, camina sin parar, a la pata coja (no puede ser de otra manera) aprovechando tu descuido detergentil y se va a jugar a ser libre con el botón de la camisa de rayas, cuya falta (la de ambos) me ha convertido poco menos que en un pordiosero.
He puesto al otro calcetín en el sitio de los trapos sucios, lo merezca o no. Es la vida.
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viernes, octubre 15, 2010
Amor verdadero
Amor verdadero es el que recibí ayer cuando al abrirse las puertas del ascensor de la casa de mis amigos, su niña de dos años gritó: Vitooooo y se me abrazó a las piernas.
Eso es amor verdadero en estado puro.
Luego, con los años, los humanos nos vemos presos de dudas, de deseos, de sentimientos encontrados, de frustraciones vitales que hacen que ese amor verdadero ya nunca se canalice o se envuelva en florituras sentimentales o sexuales que parecen enriquecerlo, pero que en realidad lo van empobreciendo, o sencillamente, ni siquiera aparezca ese pseudo amor.
Besitos, pequeña Paula.
Eso es amor verdadero en estado puro.
Luego, con los años, los humanos nos vemos presos de dudas, de deseos, de sentimientos encontrados, de frustraciones vitales que hacen que ese amor verdadero ya nunca se canalice o se envuelva en florituras sentimentales o sexuales que parecen enriquecerlo, pero que en realidad lo van empobreciendo, o sencillamente, ni siquiera aparezca ese pseudo amor.
Besitos, pequeña Paula.
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amores
sábado, septiembre 18, 2010
La Novela de las Mil Novelas
Hace unos meses, no sé cuantos, me compré en una de esas tiendas de libros antiguos y de ocasión, un libro con un título un poco raro: La Novela de las Mil Novelas.
Me lo traje a casa después de echarle un ojo por encima y suponer que lo de las mil novelas sería por ese tipo de libros en los que si piensas que va a pasar una cosa, tienes que ir a la página 413 y si piensas otra a la 254.
Al pagar y meterlo en una bolsa de plástico, vi que entre las hojas, o de una hoja a otra, parecían moverse como unos bichitos que se me antojaron hormigas.
Al llegar a casa, pensé: lo sacudiré un poco, no sea que además de las mil novelas, me lleve una plaga de mil hormigas.
Empecé a los pocos días y la historia, aunque un poco espesa sobre espionajes y dobles agentes y mensajes encriptados para burlar al enemigo espía, me atrajo inmediatamente.
Lo tremebundo de esto es que este libro, es una novela viva.
Durante los primeros días, creí que estaba perdiendo la razón, pues al volver a leer desde el punto en el que había dejado mi libro el día anterior, no entendía lo que leía, pues los acontecimientos se habían desarrollado de un modo tan sorprendente, como diferente. Me iba unas páginas hacia atrás y lo que había leído hace dos días, ya no era del modo que yo recordaba, sino que un fleco literario, que pensaba yo que se me había quedado en el tintero, hacía que todo diese un giro que volvía la historia del revés, pero que me volvía a enganchar totalmente interesante y renovada.
Un día, decidí leerme el libro del tirón a ver qué pasaba, pero el sueño me venció. Un poco antes de caer dormido, observé como cientos de cositas negras, parecidas a hormigas, pasaban a toda velocidad de unas páginas a otras.
Eran las palabras que iban decidiendo cómo y dónde ponerse para ser leídas al día siguiente.
La historia y el libro, creo que me van a acompañar hasta que muera y alguien lleve La Novela de las Mil Novelas a una de esas tiendas de libros antiguos y de ocasión para ser leída y releída; siempre nueva...
Me lo traje a casa después de echarle un ojo por encima y suponer que lo de las mil novelas sería por ese tipo de libros en los que si piensas que va a pasar una cosa, tienes que ir a la página 413 y si piensas otra a la 254.
Al pagar y meterlo en una bolsa de plástico, vi que entre las hojas, o de una hoja a otra, parecían moverse como unos bichitos que se me antojaron hormigas.
Al llegar a casa, pensé: lo sacudiré un poco, no sea que además de las mil novelas, me lleve una plaga de mil hormigas.
Empecé a los pocos días y la historia, aunque un poco espesa sobre espionajes y dobles agentes y mensajes encriptados para burlar al enemigo espía, me atrajo inmediatamente.
Lo tremebundo de esto es que este libro, es una novela viva.
Durante los primeros días, creí que estaba perdiendo la razón, pues al volver a leer desde el punto en el que había dejado mi libro el día anterior, no entendía lo que leía, pues los acontecimientos se habían desarrollado de un modo tan sorprendente, como diferente. Me iba unas páginas hacia atrás y lo que había leído hace dos días, ya no era del modo que yo recordaba, sino que un fleco literario, que pensaba yo que se me había quedado en el tintero, hacía que todo diese un giro que volvía la historia del revés, pero que me volvía a enganchar totalmente interesante y renovada.
Un día, decidí leerme el libro del tirón a ver qué pasaba, pero el sueño me venció. Un poco antes de caer dormido, observé como cientos de cositas negras, parecidas a hormigas, pasaban a toda velocidad de unas páginas a otras.
Eran las palabras que iban decidiendo cómo y dónde ponerse para ser leídas al día siguiente.
La historia y el libro, creo que me van a acompañar hasta que muera y alguien lleve La Novela de las Mil Novelas a una de esas tiendas de libros antiguos y de ocasión para ser leída y releída; siempre nueva...
jueves, mayo 20, 2010
Negro
Hace unas semanas, mi amiga y compañera favorita de la UNED y de gran parte de la vida, me sugirió que me presentase a un concurso de relato corto que había convocado dicha UNED.
Hoy me ha dicho que mirase la lista de relatos admitidos entre los que no está éste que comparto (pues al no haber sido elegido, se puede publicar).
A mí me gusta que le haya gustado a quien le ha gustado; es decir, a mi gente, que aunque no les haya gustado, me han dicho que sí les ha gustado y ello me gusta.
Escribiendo así ¿cómo voy a gustar a los que no les he gustado?...
Va por ustedes:
Hoy me ha dicho que mirase la lista de relatos admitidos entre los que no está éste que comparto (pues al no haber sido elegido, se puede publicar).
A mí me gusta que le haya gustado a quien le ha gustado; es decir, a mi gente, que aunque no les haya gustado, me han dicho que sí les ha gustado y ello me gusta.
Escribiendo así ¿cómo voy a gustar a los que no les he gustado?...
Va por ustedes:
Estoy agotado. No puedo más. No puedo escribir más.
Estoy cansado de ser “negro”.
La ortografía es tan rica, tan sublime, que solo con ver entrecomillada la palabra “negro” y por poco inteligente que se sea, ya se vislumbra que el que lo escribe no es en efecto un hombre de esa raza.
Ya mi nombre indica un poco esa desgracia, que parece cernirse sobre ciertas personas y que en mi caso; se ha cebado con esmerada crueldad: me llamo Florentino Pérez Ridruejo. Dicho nombre; sobre todo en los últimos años de mi vida; ha suscitado todo tipo de bromas, casi todas con buena intención; todo hay que decirlo; pues para quien no lo sepa, un tal Florentino Pérez es ahora en el año 2010, Presidente del Real Madrid y de la constructora ACS, ahora devenida en Dragados.
Así que en efecto, no solo no soy negro de piel o de raza, sino un madrileño de 54 años, de padre extremeño y madre asturiana.
Lo que si soy es “el negro” del afamado escritor Joaquín Torres Almena.
Según una de las muchas definiciones del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua; negro es; entre otras acepciones; esto:
17. m. Persona que trabaja anónimamente para lucimiento y provecho de otro, especialmente en trabajos literarios.
Joaquín Torres y yo nos conocimos en el colegio, allá por los años 60 del pasado siglo, latiguillo éste que parece que se emplea cada vez más y que yo, que ahora estoy escribiendo mis últimas letras y no estoy obligado a no emplear esos latiguillos, me voy a permitir, así como a expresarme sin mucha floritura literaria, en una especie de rebeldía ante mi situación de esclavitud y de sumisión durante tantos y tantos años.
Torres (como le llamaba todo Cristo en clase) era el típico chico un poco gamberro, pero tan simpático y tan popular y tan de caer bien, que ya despuntaba un liderazgo, palabra ésta, que como todos más o menos sabemos, implica poder, y ese poder suele ser ejercido aplastando o domando o dominando al resto de o bien competidores o de simples colillas.
Yo empecé a ser domado, dominado y aplastado por Joaquín desde esos años de colegio, como una triste colilla de porro de marihuana o de Bisontes, que era el tabaco rubio explota pechos que nos fumábamos a escondidas entre clase y clase.
Enseguida se percató, tanto de mis cualidades como estudiante, como de mi poca fortaleza física y de mi miedo hacia él. Así, empezó a presionarme para que fuera yo quien le pasase a limpio los apuntes y quien le preparase trabajos. Él fue también quien sorprendentemente, empezó a sacar muy buenas notas en los exámenes, copiándose astutamente de mí, ante la ceguera de profesores y compañeros a los que les parecía precioso que siempre nos sentásemos juntos y extraordinario que de la noche a la mañana, Joaquín se hubiese convertido en un estudiante más que pasable. Cómo se admiró y respetó esa amistad tan ejemplar que hizo que toda nuestra vida de Bachillerato, nos llamasen sin mal rollo y cariñosamente: Zipi y Zape.
Nadie sabe ni sabrá, cuántas lágrimas tuve que tragarme, actuando eternamente sin poder decir a grito pelado lo que pasaba “de verdad”, cuánta frustración por mi miedo, cuánta rabia por la injusticia de la vida.
Ya en la época universitaria, me obligó a estudiar Biología en la Complutense. Era esa una Carrera que ni me gustaba ni me dejaba de gustar, para la cual “sacamos nota” sin ningún problema, pero que a él le pareció la adecuada; primero: por el ambiente que parecía respirarse por allí y segundo; porque en esos años, Joaquín se follaba (con perdón) a todo bicho viviente y las chicas de Biología, según un estudio “de campo” que él mismo había desarrollado, eran las que: ”estaban más buenas”.
Entre los bichos vivientes (también es Biología a la postre) que cayeron en sus garras, estaba la que hoy día es mi amada esposa, mi adorada mujer, que siempre estuvo fascinada por la brillantez, la belleza y la gracia de Joaquín (siempre se enamoran de estos tipos) aunque pasados los años, nos hicimos novios, pues Joaquín se enrollaba cada día con una chica en cuanto tuviese “las tetas más grandes”; y al final, pareció “enamorarse” de mí, nos casamos, y hemos sido razonablemente felices hasta hoy.
Estamos hablando de hace 30 años o más. Me estremezco al pensar que toda la vida he estado por debajo de ese cabrón. Viviendo en la sombra sus éxitos, pues llegó un momento, uno de los más tremebundos de mi vida en el que Joaquín “diseñó” un plan para fortalecer aún más su ego, su éxito implacable: Quería ser un escritor famoso.
Como tonto precisamente no es, me habló del tema claramente y además, me ofreció dinero por escribir para él: “como tú sabes, Floren”.
Con su egoísmo eterno y sabiendo que ese don de escribir era uno de los pocos ámbitos míos y solo míos, me dijo que me pusiese a escribir: “por los viejos tiempos y lo pasado, pasado está, coño”, y alquiló un apartamento minúsculo para que ejerciese allí de “negro”.
Me despedí del trabajo, aunque mi mujer nunca lo ha sabido y cada mañana me iba allí y me ponía “a ello”, aunque reconozco que al principio me costó muchísimo no ponerme a llorar y poder concentrarme en lo que me gustaba hacer, pero que ahora se había vuelto mi trabajo me gustase o no.
Este gusto por escribir, me vino cuasi obligado por las circunstancias de mi vida. Al ser una vida llena de presiones, de amenazas del “matón” Joaquín, me refugié secretamente en la literatura ¡Cuánto disfruté siendo yo! Me inventaba personajes que una vez creados, me tragaban y yo era ya ellos. En esos relatos juveniles, lo mismo podía ser un poeta del siglo XVIII secretamente enamorado de la hija de un terrateniente de Sevilla, que cada día 18 recibía un poema cada mes más bello que el anterior, el cual (el poeta) escondido, siempre se las apañaba para ver la cara de embeleso, de enamoramiento de la niña amada, ante los cada vez más excelsos sonetos, o dependiendo de mi estado de ánimo, también podía ser un joven periodista que cubría con gran personalidad y profesionalidad cualquier acontecimiento y que no dejaba de seguir siendo humilde, aunque recibiese por cada artículo o reportaje elogios hasta de sus compañeros de otros periódicos o medios de comunicación, maravillados ante sus siempre cuidadosos y casi perfectos reportajes o artículos.
Pero ese secreto, esa vida propia, ese gozo tan personal, fue descubierto y sin muchos preámbulos y acostumbrado como estaba a obtener siempre lo que quería de mí, me habló de eso, de lo de que quería ser un escritor famoso y de que me pagaría por ello, recompensándome de alguna forma todos los años de agobio y de mentiras.
Yo, aunque siempre he sido cobarde y pusilánime, me intenté negar, intenté hacerle ver que no podría escribir pensando en que “tenía” que escribir. Le supliqué que ahora que él tenía un trabajo estupendo en unos laboratorios farmacéuticos y que tenía una posición admirable, que me dejase en paz, que dejase esa parcela de mi vida tan secreta, ya que nunca publiqué nada, ni me hice escritor porque era como un gozo propio, como una masturbación literaria.
No le convencí…
Y es que Joaquín; en los “viejos tiempos” supo de mis aptitudes como escritor porque una vez, ya casi terminada la Carrera, llegó a casa de mis padres y aduciendo que tenía que coger unos libros que me hacían falta y sospechando que algo había en mi vida que él no controlaba, entró en mi habitación y leyó lo que yo escribía, pero claro, no sólo leyó mi literatura de ficción, sino mis vomitadas vitales, mis iras escritas a mano, con letra siempre roja, desmembrada y escupida como un lapo lleno de sangre.
Me amenazó con matarme si hacía algo a sus espaldas, y con que no se me ocurriese escribir cosas “sin sentido” sobre él. Yo le prometí que no lo volvería a hacer y quemé ante él esos escritos llenos de violencia, de impotencia y rabia infinitas.
¡Qué idiota fuiste, Joaquín! Te dije que no volvería a meterme contigo, mi señor, pero en tu idiotez, no supiste que hasta cuando iba a cagar, escribía poemas satíricos en el rollo de papel del wáter contra ti y toda tu estirpe, me limpiaba el culo con ellos y te tiraba envuelto en caca a la taza. Sí, Joaquín, nunca evitaste ni la pasión, ni la rabia, ni el dolor ni hasta el histrionismo de mis caprichosas letras tragadas por el agua del inodoro mientras mi sonrisa veía como te hundías dando vueltas. Así de imbécil eres.
A principios de los años 80, “empezamos” a presentarnos a pequeños premios de novela o de ensayos y “ganamos” casi todos.
Para mi desgracia, pero también para el disfrute de mi ego como autor, Joaquín empezó a tener un nombre en los ambientes culturales y literarios del país.
Era patético ver cómo le entrevistaban en televisión o radio a raíz de algún premio o publicación de un libro, mientras yo, regodeándome con cierto placer, le decía a mi mujer; que desconocía por completo que Joaquín y yo seguíamos teniendo “relación” : hay que ver lo bien que escribe Joaquín y lo mal que habla, lo zafio que es expresándose. Mi mujer, siempre un tanto enamorada de él, aunque me confesó mil veces que eran rollos de juventud, aducía que quizás era una excentricidad de famoso y que no se va a ser escritor “brillante” las 24 horas del día. Yo asentía y disfrutaba un poco tristemente de esa definición de brillante (con o sin comillas) que me había regalado mi amor.
La verdad es que no sé cuando fue o cómo o por qué lo decidí, pero tan solo unos días después, pergeñé una venganza, un saludo a mi recóndita vanidad, a mi destreza como escritor, a mi vida sin vivirla.
En al año 2002, Joaquín ganó el Premio Planeta al presentar su novela “La Magia del Diablo”. A mí me dio la risa porque se presentó con seudónimo (Pedro Cantero) y me dije (a él no, claro): Por lo menos podía haberse presentado con el seudónimo de Florentino Pérez, pero pensaría “mi amo” que era un nombrecito lo suficientemente conocido en España como para presentarse con él, además de que cabía la posibilidad de que con la chapuza nacional, le hubieran acabado dando el premio (y la consiguiente pasta) al Florentino Pérez real, es decir, al real Presidente del Real Madrid, que sorprendido, hubiera comprado con el premio económico, un defensa al Recreativo de Huelva y firmaría autógrafos de “su” libro y haría caja de una u otra forma…
Se me va la mente. Es lo que tenemos los escritores “negros” o no, que nos vamos por los Cerros de Úbeda.
Mi venganza tiene un punto de melancolía, pues es totalmente seguro que no voy a poder disfrutarla. Consiste en que en el 2003, casi a finales de año, empecé a escribir una Trilogía sobre mundos esotéricos, sobre mundos paralelos entre el real y el soñado, sobre cuál es el verdadero y sobre cuál es el que nos gustaría que fuese. Es prácticamente una autobiografía, pero obviamente no del payaso Joaquín, sino mía, con mis mundos irreales y soñados, siempre mejores que el mundo de pesadilla en el que vivo o he vivido hasta hoy.
De momento, he escrito dos libros de esa Trilogía. Del primero se ha hecho ya la película “Mundos Soñados” y ha ido tan bien que a Joaquín le han dado un Goya extraordinario por la factura del libro y porque casi no ha habido que tocar nada de dicho libro para adaptar los premiados guión y película. Del segundo libro, se está adaptando ya el guión y hay indicios de que de “Mundos Soñados” se quiere hacer una súper producción en Hollywood…
Pero del tercero no se va a saber nada nunca, pues esta mañana, cuando ha venido Joaquín al apartamento donde todos estos años he escrito como un loco, y quizás al borde final de esa locura, le he dicho: Joaquín; no voy a escribir ni una letra más para ti y además, te voy a matar en este instante.
Él, a sabiendas de que siempre he sido un cobarde, ha soltado una sonora carcajada, que se le ha helado cuando ha visto que mis manos sujetaban resueltas una pistola. Se ha puesto pálido, como la gélida muerte que por primera vez ha visto que le regalaban mis ojos. Le he dicho que se arrodillase. Ahora era él el que lloraba como un mierda, pidiendo clemencia, apelando a nuestra amistad ¡¿a qué amistad, Dios?!.
Yo le he dicho: eres un mierda, Joaquín y voy a terminar con tu puta vida de rico y de famoso ahora mismo. Vas a morir dentro de unos pocos segundos y me vas a pagar todas las vejaciones a las que me has sometido toda la vida.
No me puedo quitar de la mente, su cara de bobo cuando me he metido la pistola en la boca y he apretado el gatillo sin temblar, no sin antes decirle: Jódete Joaquín. No “vas” a escribir el esperado tercer libro de la Trilogía…. ¡Pum!
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uned. estudios
domingo, mayo 02, 2010
Golf Rojo
Hace unos cuántos años, seis para ser exactos, decidí darme uno de esos caprichos que uno algunas veces se "niega" a sí mismo, pero que otras veces, nos damos sin ningún rubor: me compré un Volkswagen Golf de color rojo; es decir, el coche que siempre me había gustado, aunque ya a la hora de comprarlo, me vi en parte obligado a comprarme "otra cosa", pues cuando tomé la decisión, mira por donde, VW decidió cambiar el modelo y sacar al mercado uno nuevo, llamado eufemísticamente "Nuevo Golf", cuando todos sabemos que la palabra nuevo, se vuelve vieja en cuanto pasa un día y ahora mi Golf es mi viejo Nuevo Golf.
Me ha dado muchas alegrías. En él se han subido algunas de mis mujeres favoritas, le han metido mano, han hecho sonar canciones inverosímiles en su CD, el viejo Golf ha dado fresquito y calor a esas mujeres, que le han ido adaptando el asiento según midan 1.82 o 1.61...
Una vez, hace unos meses, nos dejó tirados a una de esas mujeres (a mi favorita, quizás) y a mi. Desde ese día ha ido renqueando, hasta que el otro día, decidió que aun circulando, esos tirones o falta de fuerza indicaban que algo le pasaba al pobre viejo Nuevo Golf.
Lo llevé al médico y le cambiaron la bomba de la gasolina. Cuando me lo dieron ya arreglado, olía a gasolina bastante, pero supuse que si le habían cambiado la bomba de la gasolina, tenía que oler a eso. Si le hubiesen cambiado la bomba de Dolce & Gabbana, hubiera olido a ese perfume tan sugerente...
Fue hace unos pocos días, cuando necesitando repostar gasolina, lo hice, me fui a pagar y cuando volví; un charco enorme se asomaba por debajo del coche. Se desangasolinaba... Lo llevé al parking... Se desangasolinaba menos... Cuando al día siguiente lo llevé al trabajo, con un olor inmenso a gasolina, se deangasolinaba mucho más. Tuve que llevarlo a urgencias y allí me sucedió algo increible.
Cuando me lo devolvieron, me dijeron que no les tenía que pagar nada porque había sido un problema suyo (del servicio oficial nada menos), y que como era de la avería anterior, que lo sentían, pero que no solo no tenía que pagarles nada, sino que me repostaron los pocos litros que había perdido por el camino y en la gasolinera. Así que lavadito, me lo llevé a dar vueltas y a seguir conociendo mundo y mujeres que le metan mano a él y al conductor...
Me ha dado muchas alegrías. En él se han subido algunas de mis mujeres favoritas, le han metido mano, han hecho sonar canciones inverosímiles en su CD, el viejo Golf ha dado fresquito y calor a esas mujeres, que le han ido adaptando el asiento según midan 1.82 o 1.61...
Una vez, hace unos meses, nos dejó tirados a una de esas mujeres (a mi favorita, quizás) y a mi. Desde ese día ha ido renqueando, hasta que el otro día, decidió que aun circulando, esos tirones o falta de fuerza indicaban que algo le pasaba al pobre viejo Nuevo Golf.
Lo llevé al médico y le cambiaron la bomba de la gasolina. Cuando me lo dieron ya arreglado, olía a gasolina bastante, pero supuse que si le habían cambiado la bomba de la gasolina, tenía que oler a eso. Si le hubiesen cambiado la bomba de Dolce & Gabbana, hubiera olido a ese perfume tan sugerente...
Fue hace unos pocos días, cuando necesitando repostar gasolina, lo hice, me fui a pagar y cuando volví; un charco enorme se asomaba por debajo del coche. Se desangasolinaba... Lo llevé al parking... Se desangasolinaba menos... Cuando al día siguiente lo llevé al trabajo, con un olor inmenso a gasolina, se deangasolinaba mucho más. Tuve que llevarlo a urgencias y allí me sucedió algo increible.
Cuando me lo devolvieron, me dijeron que no les tenía que pagar nada porque había sido un problema suyo (del servicio oficial nada menos), y que como era de la avería anterior, que lo sentían, pero que no solo no tenía que pagarles nada, sino que me repostaron los pocos litros que había perdido por el camino y en la gasolinera. Así que lavadito, me lo llevé a dar vueltas y a seguir conociendo mundo y mujeres que le metan mano a él y al conductor...
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crónicas
sábado, mayo 01, 2010
El circulo se cierra
Algunas veces, el autor de este blog ha pensado en cerrarlo, en borrarlo "para siempre", aunque ese "para siempre" y en estos mundos informáticos y de Internet, nunca sea de verdad un rotundo "para siempre".
Otras veces; las más; me doy cuenta de que aunque nunca llegase a escribir en este blog, tampoco tengo por qué destruirlo
Desde al año 2005 en el que empecé, han pasado montones de cosas en mi vida, unas alegres, otras más tristes, descolocantes, aclaratorias, pero en cualquier caso, lo que haya pasado, ha sido parte de la vida de este autor de este blog.
Esta tarde, me ha dado por no tanto borrar, como volver (aunque amenace con no volver a escribir... o sí) a la plantilla menos personal que me vio nacer en Blogger (*)
Algunas veces, da gusto ese volver a ser virgen otra vez...
Iré actualizándolo como si fuese nuevo y quizás vuelva a compartir con gente antigua y nueva, mis pensamientos.
(*) Soy tan voluble que en cuanto me han dicho lo sosa que era esa plantilla, la he cambiado, jajaja.
Otras veces; las más; me doy cuenta de que aunque nunca llegase a escribir en este blog, tampoco tengo por qué destruirlo
Desde al año 2005 en el que empecé, han pasado montones de cosas en mi vida, unas alegres, otras más tristes, descolocantes, aclaratorias, pero en cualquier caso, lo que haya pasado, ha sido parte de la vida de este autor de este blog.
Esta tarde, me ha dado por no tanto borrar, como volver (aunque amenace con no volver a escribir... o sí) a la plantilla menos personal que me vio nacer en Blogger (*)
Algunas veces, da gusto ese volver a ser virgen otra vez...
Iré actualizándolo como si fuese nuevo y quizás vuelva a compartir con gente antigua y nueva, mis pensamientos.
(*) Soy tan voluble que en cuanto me han dicho lo sosa que era esa plantilla, la he cambiado, jajaja.
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lunes, abril 05, 2010
Soledades-2
Le ahogaba tanto tanto tanto tanto tanto tanto tanto tanto tanto tanto la humanidad que huyó a su casa y una vez solo... Respiró....
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pensamientos
domingo, abril 04, 2010
Soledades...
Le ahogaba tanto tanto tanto tanto tanto tanto tanto tanto tanto tanto la soledad que salió de su casa a darse un baño de multitudes.... Y.... Se asfixió....
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lunes, marzo 01, 2010
Bitácora (casi) blindada
Aunque esta bitácora está bastante olvidada de la mano de Blog, últimamente, veo que me comentan robots entradas de hace años.
Publique con la regularidad que publique, he metido lo de la moderación de comentarios y verificación de la palabra, no tanto para fastidiar a anónimos que sin tener cuenta en Google, entraban y decían eventualmente cosas, como para evitar precisamente esos comentarios (que no son tal) de spams.
Abrazos humanos y chispazos a los robots spam-módicos.
Publique con la regularidad que publique, he metido lo de la moderación de comentarios y verificación de la palabra, no tanto para fastidiar a anónimos que sin tener cuenta en Google, entraban y decían eventualmente cosas, como para evitar precisamente esos comentarios (que no son tal) de spams.
Abrazos humanos y chispazos a los robots spam-módicos.
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viernes, febrero 12, 2010
Día de los Enamorados
Antes de que los grandes almacenes y los dueños de casas rurales convertidas ipso facto en románticas estos días. Antes de que existiese casi San Valentín (el día, no el santo), me llegó un día 14 de febrero de hace novecientos años mi mujer y me dijo: Me he enamorado de otro hombre; te dejo.
¡Te dejo! ...Me quedé perplejo ¿otro hombre? pensé entristecido, herido en mi honor y amor verdadero.
Al rato (5 minutos) recapacité y me alegré de que se hubiese enamorado de otro hombre y no de un caballo o de una sopera. Al fin y al cabo y aunque las comparaciones son odiosas, tengo menos atributos sexuales que un caballo, pero más conversación que dicho corcel y que decir tiene, que la de una sopera, que no solo no habla, sino que parece todo el rato asombrada de que los fideos se paseen nadando de un lado a otro como angulas de mentira, de mucha más mentira que las gulas, que aun mentirosas, parecen verdaderas.
Ni que decir tiene que tengo más atributos (sexuales) que las angulas tipo fideo de la sopera, pero eso no viene al caso ahora, o nunca.
Yo le dije: Desde luego cariño, mira que eres oportuna ¿cómo se te ocurre dejarme en la nada, qué digo en la nada, en la hondonada un 14 de febrero? Menos mal que todavía no se ha inventado la parafernalia consumista enamoradizica, porque si no, como yo te quiero (y siempre te querré), te hubiera comprado un caballo con unos atributos (sexuales) tipo el de Espartero... ¿el torero? ¡qué torero! el valiente general (*) portando una sopera llena de angulas de mentirijilla en forma de fideo cabellín (no caballín) y hubiéramos hecho el amor sobre la sopera, ante la actitud atónita del caballo de Espartero y sus cojones.
Así que estés donde estés y con quien estés (si es que estás), cielo, feliz día de San Valentín. El caso es que por si vuelves y como todos los años, te he comprado un corcel con un atributo (sopero) tan gracioso, que la sopera que le he puesto encima, ha derramado las gulas hechas fideos al asomarse a verlo y ha cerrado su bocota anonadada como diciendo: esta boca es mía.
(*) De la Zarzuela La Gran Vía:
Elíseo. Un poquito más abajo,
según dijo un caballero,
se verá dentro de poco
el retrato de Espartero.
Todos. ¿El torero?
Elíseo. ¡Qué torero!
El valiente general,
el patriota de vergüenza,
el constante liberal.
¡Te dejo! ...Me quedé perplejo ¿otro hombre? pensé entristecido, herido en mi honor y amor verdadero.
Al rato (5 minutos) recapacité y me alegré de que se hubiese enamorado de otro hombre y no de un caballo o de una sopera. Al fin y al cabo y aunque las comparaciones son odiosas, tengo menos atributos sexuales que un caballo, pero más conversación que dicho corcel y que decir tiene, que la de una sopera, que no solo no habla, sino que parece todo el rato asombrada de que los fideos se paseen nadando de un lado a otro como angulas de mentira, de mucha más mentira que las gulas, que aun mentirosas, parecen verdaderas.
Ni que decir tiene que tengo más atributos (sexuales) que las angulas tipo fideo de la sopera, pero eso no viene al caso ahora, o nunca.
Yo le dije: Desde luego cariño, mira que eres oportuna ¿cómo se te ocurre dejarme en la nada, qué digo en la nada, en la hondonada un 14 de febrero? Menos mal que todavía no se ha inventado la parafernalia consumista enamoradizica, porque si no, como yo te quiero (y siempre te querré), te hubiera comprado un caballo con unos atributos (sexuales) tipo el de Espartero... ¿el torero? ¡qué torero! el valiente general (*) portando una sopera llena de angulas de mentirijilla en forma de fideo cabellín (no caballín) y hubiéramos hecho el amor sobre la sopera, ante la actitud atónita del caballo de Espartero y sus cojones.
Así que estés donde estés y con quien estés (si es que estás), cielo, feliz día de San Valentín. El caso es que por si vuelves y como todos los años, te he comprado un corcel con un atributo (sopero) tan gracioso, que la sopera que le he puesto encima, ha derramado las gulas hechas fideos al asomarse a verlo y ha cerrado su bocota anonadada como diciendo: esta boca es mía.
(*) De la Zarzuela La Gran Vía:
Elíseo. Un poquito más abajo,
según dijo un caballero,
se verá dentro de poco
el retrato de Espartero.
Todos. ¿El torero?
Elíseo. ¡Qué torero!
El valiente general,
el patriota de vergüenza,
el constante liberal.
viernes, enero 29, 2010
Si no se va la luz
Si no se va la luz, será porque los Pepe Gotera y Otilio que tengo en casa, instalarán a la perfección una toma de corriente para tres enchufes, uno para el frigorífico, otro para el microondas y otro para algún pequeño electrodoméstico (eso me dijeron ayer).
Estoy atrincherado en el cuarto del ordenador y oigo como resoplan, empujan, sacan cosas de una caja de herramientas, aunque parece (ni me asomo) que está todo bajo control.
Es lo que les he dicho para darles confianza (que no sé si tengo) estoy por aquí, vosotros ya sabéis lo que tenéis que hacer (queriendo autoconvencerme)
La cosa es que yo vivo en una casa construida en el año 1967 y cuyas instalaciones fueron en su día....
¡¡¡diossssss suena un taladro a toda hostia!!!...
Sigo... Las instalaciones fueron en su día "retocadas" con una mezcla entre "manitas" y "ñapas" por el anterior dueño de dicha casa.
Es una casa muy divertida, pues te encuentras con interruptores que no encienden nada, con eternas lámparas azules en armarios escondidos y con tomas de enchufes doblados... me explico, que no están ni verticales ni horizontales, sino en ángulo... Es una maravilla esta casa... Siempre llena de sorpresas eléctricas sobre todo. Cuando yo vivía en la casa de arriba con mis padres y hermanos, recuerdo el constante ruido del taladro y me imaginaba lo que al final era: Una casa queso Gruyere con todos su agujeros tapados con enchufes y cosas insospechadas.
No oigo nada y no sé si es buena señal o mala. Es como cuando el niño que te ha tocado por hijo está en un cuarto anexo en silencio absoluto y tú absorto en tus absorteces, caes en la cuenta que llevas unos minutos sin oír al niño y cuando vas a la habitación anexa ves con horror como está pintando con esos rotuladores imborrables, indelebles, indeseables, toda tu ropa, la cama, las paredes y su propia carita de demonio.
¿Me asomo?
Joder es como una peli de miedo... Oigo ruidos y cosas pero no me atrevo a sacar la cabeza de esta pantalla.
Seguro que ellos me escuchan teclear y creerán que estoy trabajando o haciendo algo importantísimo, aunque mi pinta y la pinta de esta casa no denoten precisamente que yo parezca un notario.
Iban a venir a las 12 y son las 12:03... Es buena señal. han sido puntuales en el sentido de haber venido antes ¿no?
Voy a ver qué tal va la cosa....
Estoy atrincherado en el cuarto del ordenador y oigo como resoplan, empujan, sacan cosas de una caja de herramientas, aunque parece (ni me asomo) que está todo bajo control.
Es lo que les he dicho para darles confianza (que no sé si tengo) estoy por aquí, vosotros ya sabéis lo que tenéis que hacer (queriendo autoconvencerme)
La cosa es que yo vivo en una casa construida en el año 1967 y cuyas instalaciones fueron en su día....
¡¡¡diossssss suena un taladro a toda hostia!!!...
Sigo... Las instalaciones fueron en su día "retocadas" con una mezcla entre "manitas" y "ñapas" por el anterior dueño de dicha casa.
Es una casa muy divertida, pues te encuentras con interruptores que no encienden nada, con eternas lámparas azules en armarios escondidos y con tomas de enchufes doblados... me explico, que no están ni verticales ni horizontales, sino en ángulo... Es una maravilla esta casa... Siempre llena de sorpresas eléctricas sobre todo. Cuando yo vivía en la casa de arriba con mis padres y hermanos, recuerdo el constante ruido del taladro y me imaginaba lo que al final era: Una casa queso Gruyere con todos su agujeros tapados con enchufes y cosas insospechadas.
No oigo nada y no sé si es buena señal o mala. Es como cuando el niño que te ha tocado por hijo está en un cuarto anexo en silencio absoluto y tú absorto en tus absorteces, caes en la cuenta que llevas unos minutos sin oír al niño y cuando vas a la habitación anexa ves con horror como está pintando con esos rotuladores imborrables, indelebles, indeseables, toda tu ropa, la cama, las paredes y su propia carita de demonio.
¿Me asomo?
Joder es como una peli de miedo... Oigo ruidos y cosas pero no me atrevo a sacar la cabeza de esta pantalla.
Seguro que ellos me escuchan teclear y creerán que estoy trabajando o haciendo algo importantísimo, aunque mi pinta y la pinta de esta casa no denoten precisamente que yo parezca un notario.
Iban a venir a las 12 y son las 12:03... Es buena señal. han sido puntuales en el sentido de haber venido antes ¿no?
Voy a ver qué tal va la cosa....
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crónicas
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